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¿Qué hacemos con el ruido de los coches?

El mapa sonoro urbano está saturado por el tráfico rodado, y por vehículos especialmente ruidosos. Se trata de una realidad que, poco a poco, ha de ir combatiéndose con medidas, aunque en principio sean paliativas.

 

Se suele hablar de eficiencia energética y de movilidad sostenible como conceptos imprescindibles en el siglo XXI, puesto que formamos parte de un mundo en transición ecológica. Pero la contaminación en su vertiente sonora sigue siendo el otro pan nuestro de cada día. Convivimos con el ruido de los coches, del tráfico rodado, sobre todo en las grandes ciudades; es más, un 80 % del ruido urbano procede de la circulación de vehículos. Y parece que podamos hacer poco para remediarlo... al menos de momento.
 

El aumento progresivo del volumen, así como la frecuencia y la duración de ese ruido motorizado, acarrea consecuencias. Entre ellas están: pérdida progresiva de audición, alteraciones de la presión arterial y del ritmo cardíaco, insomnio, cefaleas crónicas y reducción de la capacidad sexual (Néstor Norma, 2005). Soportar el ruido de un tráfico intenso -en torno a 80 decibelios- puede causarnos simples malestares que podrían llegar a convertirse en irritabilidades frecuentes.
 

Distintos factores como la densidad del tráfico, la velocidad de los vehículos, la proporción de vehículos pesados o la naturaleza de la superficie de la vía, determinan el nivel de presión sonora, pero no solo. Igualmente los cambios de velocidad y la potencia debido al tráfico regulado (semáforos), los cambios de rasante o las propias condiciones climatológicas, como explican en un informe del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía.
 

Arquitectura contra el ruido de ambiente… motorizado

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La arquitectura contra el ruido ayuda. Elementos como las pantallas acústicas se utilizan para proteger urbanizaciones demasiado próximas a las carreteras. Carolina Rodrigues, arquitecta y máster de ingeniería acústica, habló largo y tendido de esta cuestión en una entrevista a Tráfico y Seguridad Vial concedida en 2016.
 

Estas medidas, aplicadas en los cascos históricos -donde en los últimos años se ha tendido a restringir el tráfico-, tenían “un efecto más anímico que físico, pero empieza a servir como punto de inicio”, según Rodrigues.
 

Otros remedios van desde la creación de zonas verdes a barreras como fuentes de agua o sonido, sustitución de calzadas por otras más lisas, o trazados para que el sonido de una avenida congestionada se disperse.
 

El tráfico como fuente de contaminación acústica

La Unión Europea (UE) se propuso, para 2020, haber reducido en 10 decibelios la contaminación acústica producida por el tráfico. Conseguirlo no era fácil, no tanto por el hecho de dosificar la circulación en una vía como por la existencia de vehículos particularmente ruidosos: los autobuses con respecto a los vehículos privados, o las motos con escape libre.
 

¿Qué ha pasado? Las medidas han ido evolucionando. Ahora se empieza a plantear una gestión eficiente de los flujos de tráfico (ayudada por la Inteligencia Artificial, por ejemplo), o la reducción de los límites de velocidad en determinadas ciudades a los 30 km/hora.
 

Sin embargo, alrededor de 113 millones de personas en Europa están sometidas a un mínimo de 55 decibelios (db) de ruido durante el día, la tarde o la noche. Es decir: el tráfico sigue siendo la primera fuente de contaminación acústica en la UE.
 

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