ADA MÁS QUE ASISTENCIA

 
¿NECESITAS AYUDA?  
LLÁMANOS 915 193 300

Conducir con hielo y nieve

Estamos en época de desplazamientos trabajosos debido a los inviernos duros en algunos puntos geográficos. Tanto si vives bajo cero, como si piensas desplazarte a un lugar especialmente gélido, deberías leer esto.

 

Puede decirse que conducir con hielo y nieve supone, prácticamente, enfrentarse a idéntico peligro. El concepto de adherencia es el más perjudicado cuando descienden las temperaturas, nieva o se forman placas de hielo. Para empezar, si la temperatura no sube de los 4º C, es muy posible que hielo y nieve aparezcan, más todavía si la humedad es alta o llueve. Ese frío afecta directamente a los neumáticos -salvo que se trate de neumáticos especiales de invierno-, puesto que pierden prestaciones en estas circunstancias; de ahí que se insista tanto en la importancia de preparar el vehículo de cara al invierno, o si se planea viajar a regiones especialmente frías.

Así pues, la adherencia entre neumáticos y pavimento es clave ante un helor importante o temperaturas extremas. Por este motivo, debemos adoptar las siguientes maneras al conducir con la finalidad de prevenir posibles deslizamientos o patinazos:

  • Es necesario asegurarse, al arrancar, de que las ruedas están rectas. Hacerlo en la velocidad más larga posible, soltando el embrague con lentitud y acelerando siempre con suavidad.
  • La velocidad más larga, la segunda por lo general, es la que proporciona mayor seguridad y control sobre el vehículo.
  • Es imprescindible conducir lo menos abruptamente posible, sin brusquedades, cambios de marcha repentinos o velocidad inadecuada.
  • Por supuesto, si estamos descendiendo una pendiente, utilizaremos la velocidad más corta, así como el freno motor.
  • Si la distancia de seguridad es un mandato permanente, en el contexto de nieve o hielo ha de ser lo más estricta posible.

 

Diferencias entre conducir con hielo o durante una nevada

Debemos conducir siguiendo más o menos las mismas recomendaciones -ya sea con hielo o nieve-, solo que en el caso de esta última es preciso tener en cuenta el factor visibilidad: en un paisaje nevado o durante una nevada aquélla disminuirá. Las luces de cruce o las antiniebla delanteras habrá que encenderlas (las antiniebla traseras también, si hiciese falta), y poner en marcha el limpiaparabrisas.

La nieve, además, puede acumularse en el guardabarros, lo que nos afectaría a la hora de girar el volante en las curvas. Por otro lado, tendremos que aprender a poner cadenas en las ruedas motrices (un consejo: ensayar antes en casa, si vamos a viajar, para que si nos hallamos en la situación sea más sencillo).

En cuanto a la niebla, habría que sumarle un extra, y es que hay que gastar especial sensibilidad con el volante, el acelerador, los frenos y el embrague.

Otra cosa que nos veremos obligados a hacer es rascar el hielo o la escarcha de los cristales exteriores, dirigiendo el aire de la calefacción hacia el parabrisas, cuando hayamos arrancado.

¿Cuáles son las circunstancias habituales de la niebla? Tanto al amanecer como las horas nocturnas pueden producirse heladas. ¿Dónde? En zonas especialmente húmedas, sombrías, orientadas al norte… pero también en puentes, badenes, pasos elevados (o debajo de éstos).

Los comentarios están cerrados.